Valgan estas líneas como humilde y sincero homenaje a Damon Lindelof. Damon el mago, el contador de historias, el creador de sueños. El guionista que revolucionó la televisión con Perdidos, que hizo que nos replanteáramos nuestra existencia con The Leftovers y que adaptó con maestría su querido Watchmen para sacarse de la manga una serie de esas que marcan época.
20 años llevamos ya disfrutando de las series de Lindelof, de su estilo único, tan peculiar, tan reconocible. Sus flashbacks, sus desconcertantes inicios de capítulo o temporada, su foco en los personajes, la espiritualidad que rezuman todas sus creaciones, la búsqueda de la propia identidad, la lucha entre la ciencia y la fe… Historias grandilocuentes, que parten de grandes premisas para centrarse después en los pequeños dramas humanos.
Perdidos, donde comenzó el mito
En 2004 y atraído por la posibilidad de trabajar con J.J. Abrams, se adentró en el proyecto que le cambiaría la vida: Perdidos. Hasta entonces, Lindelof era conocido principalmente por la serie Crossing Jordan, pero Lost supuso un antes y un después, para la televisión y, por supuesto, para su carrera.

Fue Lindelof el que dio con una de las claves de Perdidos, lo que la convirtió en el éxito que supuso. Fue él quien apostó por crear personajes que no tuvieran un motivo por el que querer salir de la isla: los personajes no solo estaban perdidos en la isla, estaban perdidos en sus vidas y en la isla encontraron su razón de ser. Fue él quien dio con la tecla de no hacer de Perdidos una serie únicamente de aventuras y supervivencia, era necesario darle mayor profundidad. Una profundidad que logró con las historias de sufrimiento que pudimos ver con los flashbacks de cada protagonista, una de las claves de la serie.
Y es que la creación de personajes siempre ha sido uno de los puntos fuerte de Lindelof, como hemos visto en todas las series que ha creado o guionizado. Si los protagonistas de Perdidos se hicieron un hueco en nuestro corazón rápidamente, qué me decís de los de The Leftovers, una serie sobre la desaparición repentina del 2% de la población, donde esa desaparición es lo de menos y lo único que importa son las personas que se quedaron, sus sentimientos, sus miedos, su duelo, su rabia.
Tal y como explicó Lindelof en una entrevista, ese es su estilo: “Me gusta contar historias que dejen mucho para la imaginación. Me motiva la historia que no se cuenta dentro de mitologías mucho más grandes»
The Leftovers es una serie difícil, dura en algunos momentos, que nació de un momento complicado para Lindelof. Pongámonos en antecedentes, venimos de Perdidos, una de las series más populares de la historia, tan popular que la ABC la quiso alargar todo lo que pudo. Lindelof y Cuse (también productor y guionista de Perdidos) apostaban por darle un final mucho más temprano a la serie, pero la cadena no lo permitió. Esto supuso que ambos se las tuvieran que ingeniar para meter nuevas tramas y subtramas y ese final, que no era el deseado en un primer momento, y que, aunque para muchos (entre los que me incluyo) supuso la guinda perfecta, para muchos otros fue una tremenda decepción.
Y ya sabemos que no hay nada peor que hordas de fans enfurecidas por un final (tras 6 temporadas) que no fue como muchos esperaban. Muchos seguidores ni siquiera lo entendieron, otros se quedaron con ganas de más y la mayoría terminó con la sensación de que muchos de los misterios se quedaron sin resolver. El éxito “inesperado” de Perdidos, el miedo a fracasar, la tremenda repercusión que tuvo la serie y la negativa acogida del final propiciaron que Lindelof cayera en una profunda depresión, tal y como él mismo ha explicado en numerosas entrevistas.
The Leftovers y la redención, su producto más artesanal
Pero de ese dolor nació The Leftovers, una serie sobre, precisamente, el dolor. El dolor y la pérdida. Un drama existencialista, plagado de interrogantes sin respuesta. Los mismos interrogantes que deben plantearse los protagonistas. Quizá la serie más personal de Lindelof, la más artesanal, la que le permitió redimirse.

Algo que hace especial a The Leftovers es que está en continuo cambio, en continua evolución. Lindelof y su equipo se reinventan en cada temporada. Cambian los créditos, los escenarios, algunos personajes… pero se mantiene algo que le guía en todas sus creaciones, en mayor o menor medida: las crisis existencialistas, la búsqueda de Dios, el sentido de la vida. Y con ello el trabajo de sus personajes para adaptarse a estas nuevas situaciones en las que, de repente, todo cambia y deben preguntarse por qué y cómo redireccionar sus vidas.
The Leftovers concluyó en 2017 con un final magistral, alzándose con el beneplácito de la crítica y los espectadores. Y dos años después llegó Watchmen.
Watchmen, la historia que merece ser contada
Si algo conocemos de Damon Lindelof son algunas de sus debilidades: Twin Peaks, la que considera la mejor serie de la historia; Stephen King, a quien admira profundamente, y Watchmen, el cómic que siempre le inspiró.
Ya en 2010, Warner Bros le ofreció a Lindelof la oportunidad de adaptar el cómic a una serie. No era el momento. Años después la respuesta volvió a ser no. Con The Leftovers terminando llegó la última oportunidad. Si no lo hacía él, se lo ofrecerían a otro creador. Y entonces decidió aceptar.
Y encontró el mejor motivo para hacerlo: adaptarlo a nuestros tiempos. Aprovechar la oportunidad para contar una historia que, aunque parte de la masacre de Tulsa de 1919 (algo que vemos en la serie y que sucedió en la realidad) 100 años después sigue desgraciadamente igual de vigente. Una historia que sirve para hablar de racismo y de excesos policiales.

Todo ello partiendo de las ideas del cómic de Alan Moore, con infinidad de referencias a él, en lo que se nota que es la obra de un genuino admirador. El resultado es sorprendente, maravilloso. Tenemos una historia de tensión racial aunada con una historia de superhéroes. Una historia de búsqueda de la identidad integrada en un potente thriller que no sacrifica el entretenimiento en ningún instante. Y todo esto nos da una de las mejores series del pasado año.
Y ahora, ¿qué será lo siguiente? Hay dudas sobre ello, pero lo único que está claro es que merecerá la pena. Damon Lindelof, ojalá no dejes nunca de crear.

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