Entiéndase el título como se quiera. Porque el 23 de mayo de 2010 Perdidos (Lost) nos dejó un vacío en lo más profundo de nuestra alma seriéfila cuando vimos por última vez esas letras blancas sobre fondo negro. Ese último LOST que nos provocaba sensaciones contradictorias: confusión, emoción, tristeza, esperanza… Que nos hizo entender, entre lágrimas, que hasta ahí habíamos llegado.
Y, a su vez, ese vacío nos ha dejado perdidos, desamparados.
Perdidos en un mar de series en el que navegamos cada día intentando encontrar una balsa a la que agarrarnos, un sustituto que nos acerque mínimamente a lo que Perdidos nos dio, sabiendo, aunque nos duela, que nunca veremos nada igual.
Perdidos en una espiral de sentimientos encontrados que nos lleva a la isla una y otra vez. Porque sabemos que revisionar la serie es la única manera de volver a vivir la emoción que sentimos cuando Jack cerró los ojos por última vez; cuando Penny y Desmond se encontraron a través del tiempo y el espacio; cuando Charlie nos dijo, en su último suspiro, que no era el barco de Penny.
Estamos perdidos como lo estaba Jack antes de convertirse en un hombre de fe; como lo estaba Benjamin Linus esperando que la isla le devolviera todo lo que él le había dado; o como lo estaba John Locke intentando demostrar que podía hacer lo que se propusiera a quienes se esmpeñaban en decirle que no.
Y esta es la mejor forma que tuvo Perdidos de conectarnos con sus protagonistas. Porque, más allá del significado de los números, la identidad del hombre de negro o el porqué de los osos polares, Perdidos es una serie de personajes en la que su evolución es lo único importante.
El viaje que nos ofreció Perdidos no ha encontrado rival. Quizá The Leftovers supo (de la mano también de Damon Lindelof) dar con la tecla (sí, esa que pulsábamos cada 108 minutos) y hacernos sentir como si estuviéramos de vuelta en el Oceanic 815. Pero, nueve años después de su final (¡nueve!) yo sigo enganchada a Perdidos.
Sí, reconozco que sigo atrapada en aquella isla. Y supongo que si sigues leyendo esto es porque tú también.
El comienzo de un viaje sin final

Perdidos propició el inicio de la seriefilia de miles de personas. Somos muchos los amantes de las series que nos enganchamos a este mundo gracias a al viaje de Jack, Kate, Sawyer y compañía. Perdidos es, sin duda, una de las series más influyentes del siglo XXI y un fenómeno global que, con el auge de internet, cambió para siempre la forma en la que veíamos y, sobre todo, vivíamos las series.
Miles de teorías circulaban por internet. Los fans se agrupaban en foros para debatir sobre el monstruo, sobre quiénes eran los otros o por qué los integrantes de la isla eran los elegidos. Las redes sociales fueron el punto de encuentro de todos aquellos espectadores que se obsesionaron con la serie.
Los creadores de la serie encontraron aquí su mayor aliado para hacer de Perdidos una experiencia única que traspasaba la pantalla del televisor (o del ordenador). Un fenómeno que ahora nos puede parecer más habitual, pero que no lo era en absoluto por aquel entonces. Tanto fue así que sigue siendo, hasta la fecha, la única serie cuyo final se emitió simultáneamente y en abierto en casi todo el mundo (en España pudimos verlo en Cuatro) y consiguió que, el día siguiente, internet se inundara de teorías, valoraciones y críticas en miles de webs y, lo que es más importante, que todavía hoy se hable de ella.
Perdidos es historia de la televisión, por ser una historia que atrapó a millones de personas y por ser la gran serie que modificó para siempre los hábitos a la hora de consumir, compartir y debatir sobre series. Pero, más allá de eso, Perdidos supuso un viaje apasionante que nunca podremos olvidar.
Perdidos es una excepción. Una de esas pocas series que a día de hoy consiguen trascender, que pasan los años y sigue estando en la conversación global, que seguimos acordándonos de ella con cierta nostalgia.
Cómo disfrutamos cuando nos encontramos con otro seguidor de Perdidos con el que poder entablar una larga conversación, cuando vemos en nuestras redes un vídeo o una imagen de la serie que, inevitablemente, nos dibuja una sonrisa o cuando volvemos a escuchar una de las maravillosas melodías de Michael Giacchino que nos traslada inmediatamente a la isla.
Muchos shows han intentado seguir la estela de la serie de JJ Abrams y Damon Lindelof sin éxito. Si intentamos encontrar un sustituto para Perdidos, estamos perdidos, pero siempre nos quedará volver, volver a aquella isla que tanto nos ha dado.

Interesantísimo. Todos añoramos Perdidos.
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